Algunas definiciones más sobre los microrrelatos
Hace poco estuve releyendo un libro de la escritora Ana María Shua que se llama "Cómo escribir un microrrelato", y me gustaría compartir un poco con ustedes algo de sus páginas (Consejo, cómprenlo, ténganlo en sus casa, márquenlo, anótenlo y nunca lo dejen quieto mucho tiempo ya que es excelente para leer y releer).
¿Qué es un microrrelato?
Hay mil definiciones más o menos poéticas de microrrelato. Se lo compara con un rayo, con un estallido, con una fragancia, con un relámpago. También hay definiciones técnicas muy rigurosas. Algunas se esfuerzan por abarcar todas las características de los microrrelatos conocidos. En mi opinión personal, estas definiciones enumerativas están limitadas por la misma perspectiva que limitó la comprensión de la obra de Aristóteles durante la Edad Media: una definición no tiene por qué ser una preceptiva, es decir, un conjunto de reglas a las que hay que atenerse para estar seguro de que uno ha logrado mantenerse dentro del género. Los géneros literarios son mucho más elásticos de lo que parece y cada vez que creemos haber encerrado alguno dentro de límites ojos aparece un autor genial y salta por encima del cerco.
Propongo aquí algunas definiciones técnicas y/o poéticas que me parecen interesantes y valiosas. Al final de este apartado diré cuál es la que nos va a resultar útil para trabajar a lo largo de este libro. Dicen del microrrelato:
Francisca Noguerol (crítica española): es una forma narrativa breve, que raramente supera la página de extensión y se diferencia del cuento tradicional por sus tramas ambiguas, personajes abocetados, lenguaje multívoco y finales sorprendentes.
Lauro Zavala (crítico mexicano): minificción (no microficción): género híbrido con elementos extraliterarios, intertextual, irónico, autónomo, serial, lúdico y alegórico.
Raúl Brasca (autor y crítico argentino): pieza en prosa compuesta de pocas palabras y elocuente silencio concebida para ser completada por el lector y disparar en él una o varias posibilidades de sentido.
Violeta Rojo (crítica venezolana): artefacto literario mínimo, des-generado, proteico, intertextual, que necesita la activa participación del lector y es muy difícil de definir.
David Lagmanovich (crítico argentino): son cuentos concentrados al máximo, bellos como teoremas […] que ponen a prueba nuestras maneras rutinarias de leer.
Irene Andrés-Suárez (crítica española): se trata de una composición en prosa, a menudo grávida de lirismo; como en la lírica, la tensión se organiza en torno a un eje unívoco y las imágenes convocan gran intensidad afectiva; en virtud del impacto que intenta provocar es cortísimo (el cual se debilitaría si el lector debiera postergar la experiencia recreadora); frecuentemente carece de anécdota y, cuando existe, el fin está siempre más allá de ella, en la construcción de un clímax emocional que se resuelve en un impacto único.
Pía Barros (autora chilena): el máximo de significado, con el mínimo de significantes… y mucha inteligencia.
Clara Obligado (escritora y crítica argentino-española) compara los microrrelatos con el haikú japonés, y nos dice que son vértigo, seducción, vislumbre; el lector debe rematar su efecto, entrar en un proceso delicado de lectura desentrañadora y reiterada. Y resumirlos es sumarles palabras.
Fernando Valls (crítico español): el microrrelato es un género narrativo breve que cuenta una historia (principio este irrenunciable) en la que impera la concisión, la elipsis, el dinamismo y la sugerencia (dado que no puede valerse de la continuidad), así como la extrema precisión del lenguaje, que suele estar al servicio de una trama paradójica y sorprendente. A menudo, se presta a la experimentación y se vale de la reescritura o lo intertextual; tampoco debería faltarle la ambigüedad, el ingenio ni el humor.
Enrique Anderson Imbert (autor y crítico argentino): es un fruto redondo, concentrado en su semilla.
Diego Muñoz Valenzuela (autor chileno): es una pieza narrativa mínima, de alto potencial estético y plena en signiqcados subterráneos. Importa más la concisión que la brevedad.
Andrés Neuman (escritor argentino-español) los define como textos concebidos a partir de una elipsis muy ostensible, una sintaxis por lo general económica y una estructura esquemática precisa y cerrada, aunque su efecto sea, a veces, el de quedar abierto.


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